Te escribí un libro. En la tapa una ballena saltaba más alto que una montaña bajo el mar. Dentro dibujé tu tatuaje como el mío y confesé lo que en principio me fue difícil. En la parte final incluí fotos de tus cosas, la planta que dejaste morir, el tocadiscos que no usas. En el mapa que proyecté con tu nombre las calles eran como éstas; llenas de recuerdos. Unas con árboles y otras más áridas, a veces también, alguna avenida con bastante tráfico.